fbpx

Publicidad obligada no, gracias

Publicidad obligada no, gracias

12 diciembre, 2011 Publicidad 0

Yo tenía 12 años. Mi nueva y flamante bicicleta Orbea, de hierro macizo y ruedas todoterreno se había estropeado. Uno de los derrapes que hacía frente a Yoli para alardear de mi destreza ciclista descuadró el sillín. Llevamos la bici a arreglar al único taller del pueblo,  “Bicicletas Hernández e hijos”. El tipo en cuestión nos dijo que en un par de días estaría arreglada, y así fue. Junto a mi madre marché contento al saber que podría volver a demostrar mis dotes frente a Yoli y sus amigas. Cuando llegamos al taller-tienda, allí estaba mi bicicleta, en perfecto estado, como nueva, con el sillín en su sitio, limpia y reluciente, y…. ¿con un guardabarros?


¿Quién había pedido un guardabarros? Tal vez era un regalo de la tienda por requerir de sus servicios. Un detalle hacia el cliente. Pero… en el guardabarros nuevo, una imagen; el logotipo de la tienda en amarillo fosforito.
.- Dos mil quinientas pesetas, señora.- dijo el dependiente.
.- Pero, me dijo que serían mil ochocientas.
.- Efectivamente, pero, al ver que no tenía, le hemos colocado un guardabarros.
.- ¿Y quién se lo ha pedido?
Como el dependiente se cercioró de la actitud y posicionamiento de mi madre al respecto, no tuvo más qué decirle:
.- Si quiere se lo quitamos.
A lo que mi sabia madre respondió.
.- Mire usted. No lo van a quitar y, por supuesto, no lo voy a pagar. Es más (abrió su monedero y sacó mil quinientas pesetas), ahí está el dinero.
.- Pero aquí sólo hay 1.500…
Efectivamente, he descontado 300 en concepto de la publicidad que va a hacerle mi hijo al circular por todo el pueblo.
Cogí la bici y salimos sin apenas dar tiempo a reaccionar al inexperto dependiente y nulo aprendiz marketiniano.
Años más tarde, tuve que hacer lo mismo al comprobar un embellecedor en la matrícula de mi nuevo coche. La jugada no fue la misma, pero obligué al concesionario a quitar aquél engendro publicitario.
Ahora vivo en blanco, o lo intento, a no ser que alguna marca se ofrezca a compensarme económicamente por publicitarle. Mis camisas no tienen logotipo, mi frigorífico tiene la chapa arrancada, mi pc es clónico con carcasa personalizada…
Pero otras veces no puedo evitarlo. Realmente MUCHAS veces no puedo evitar llevar conmigo la marca de mis zapatillas, la de mi bebida, la de mi pantalón… Aunque para desquitarme, si alguien me pregunta por la prenda o la “cosa” en cuestión, les digo: “una mierda, realmente malo, el producto es pésimo”. Y si me preguntan que por qué lo compré, yo respondo. “Me equivoqué, la próxima vez compro otra marca”.
Y ahí se va mi contrapublicidad. Tal vez surja efecto o tal vez no, pero al menos me desahogo y echo las pestes que me gustaría echar directamente a la marca en cuestión.
Ah, si quieres patrocinar esta entrada, el precio es de 500€/mes. Contacta conmigo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *