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Culofotos, tetaselfies y otras rarezas de Instagram

Culofotos, tetaselfies y otras rarezas de Instagram

8 mayo, 2017 Redes Sociales 0
No voy a decir nada nuevo, porque según muchos ya está todo escrito, inventado, y en estos tiempos que corren, hay tantos y tantos expertos y especialistas… Por ahí andan mogollón de post del tipo “10 trucos para conseguir éxito en…”. Yo no voy a dar las claves del éxito, ni los por qué de las derrotas. (Por cierto, el título sólo ha sido para captar vuestra atención y por aquello del posicionamiento googleliano y demás; qué le voy a hacer si soy de marketing y nací en el mediterráneo 😉 No obstante, voy a seguir escribiendo como los porretas del dadaísmo, a ver qué sale…

Antes de entrar en materia algo más profesional, os dejo una frase que podría acompañar el pie de foto en mi IG del día: “No compréis más tierras para cultivar más vides, si ni siquiera sois capaces de cuidar las pocas viñas que tenéis plantadas. Pues es preferible una edición limitada de un buen caldo que una gran cosecha de vino de mesa”. Así que si queréis usar IG como herramienta para vuestra empresa o para vuestro nombre (la cosa esa tan chic de la marca personal), pensad qué queréis mostrar, a quién, cómo, dónde, para qué… (vamos, de 1º de esas carreras que ahora al parecer ha estudiado todo el mundo). Alla voy, a escribir cosas que ya sabéis, y otras que tal vez no…
Pongámonos en antecedentes… Instagram se crea en en 2010 y ya en 2011… Uf, me aburrooo!!! El que quiera info que busque en la Wikipedia. Bla bla bla, y llegamos a 2017, y estamos como estamos en IG por lo que hayáis leído en la wiki y por algunas cosillas más…
En cierto momento Instagram recordó a los usuarios que era una red de fotos “de ahora”, fotos reales, de “ya”, nada de plagios, de textos impresos (en fotos), etc… IG quería conservar esa esencia que permaneció pura (más o menos) con el reinado de los apppleianos, hasta que llegó el lado oscuro de Lord Android. (Eso dicen las malas lenguas). Después llegaría el “aquí vale todo”. Comenzaron los usuarios haciendo lo que les viene en gana (para eso somos usuarios y mi cuenta es mía). Entonces IG pensó en cambiar su política, y comenzó a aceptar pulpo como animal de compañía.
Lllegaron los #selfies, de todos conocidos. Al tiempo los #helfies (para mostrar peinados); los #belfies, las típicas fotos de culos que tanto dieron que hablar; los #drelfies, que son fotos tipo #selfies hechas pedo perdido, alcoholizado o drogado; los #usies, o #selfies que comparte un segundo o tercer usuario; ah, y los erotiquísimos #bikinibridge, que como su propio nombre indica es un puente a la imaginación calenturienta de los seguidores; los penúltimos en aparecer fueron los #aftersex, fotos tomadas inmediatamente después de haber practicado sexo en cualquiera de sus modalidades (un amigo me ha dicho que hay muchas); los #bedstragram nos muestran la cara sin lavar, recién despertados; y los #groufies, una originalísima forma de combinar un selfie grupal. Instagram tuvo que aceptarlo todo, todo y todo.
Y como aún no era suficiente, a la gente le dio por defender las tetas, así como lo lees. Querían tetas instagrameras, tetas por doquier, sin que nada ni nadie las censurase, porque una teta es una teta, ya sea de hombre o de mujer, y por eso, para reivindicar la libertad de los pezones al aire, se creó el hastag #freethenipple.
Al tiempo apareció la estúpida y efímera (lógicamente) moda de tirar el móvil para comprobar si seguiría funcionando después del golpe. Aquello se llamó #extremephonepinching, e incluso algunos famosos y famosillos de turno oportunistas lo pusieron en práctica.

La última, de momento (y que yo sepa), es #PhotoAss. Enseñar el culo mirando el paisaje. Al parecer una chica de Londres de 31 años conocida como Cheeky, comenzó la idea en su cuenta de instagram @cheekyexploits que ya pasa los 200.000 seguidores. (Algunos ya aprovechan para decir que es una protesta contra la ya clásica censura de IG). Yo, como buen investigador, tendré que probarlo todo, así que no os sorprendáis si próximamente me veis tirando el móvil desde el acueducto de Segovia o enseñando el culo un atardecer cualquiera.
(Y, paréntesis aparte, lo aceptó y lo aceptamos todo con anglicismos. Con lo bonita que es la palabra “autorretrato” o “fotorretrato”. Con lo chulo que quedarían los hastags del tipo #culofoto o #recienfollao. ¿Por qué nos empeñamos en mezclar consonantes a lo tonto (si además más de la mitad de los que las escriben no saben ni pronunciarlas)? ¿Queda más guay? ¿Seguro? Que me lo diga un coachinguero de esos, porque yo no lo entiendo. Cierro paréntesis.)
Y con todo lo anterior (y algo más), llegaron otras formas (válidas para unos, para otros no). Pero, al menos según mi criterio, Instagram no se ha corrompido como otras RRSS. Por supuesto que hay insultos, descalificaciones, acoso, revelación de información, vulneración de derechos, plagios y robos, saltarse los derechos de imagen, spam, etc… Pero IG es distinto en eso (muy parecido a Pínterest). Porque en IG no hay gurús tal y como se entiende en TW o FB. En Instagram cualquiera puede ser reina por un día.
Por supuesto que también tenemos #instafrikis, #lumisgram o #instaprostis, #instatroll, #instaghost, #lienfluencers y mil términos más que podríamos inventar (in English, of course). Claro que existen los buscadores de followers (generalmente provenientes de otras RRSS), el “te sigo, me sigues y te dejo de seguir y tiro porque me toca”… Hay de todo. Esto es #Instabotica y con copyright (perdón, con Instaright)!!
(Hablando de copyright y volviendo a abrir paréntesis. Veo mucho en la bio de la gente que “todas las fotos son mías” (distinto a “todas las fotos están hechas por mí”). ¿Tuyas? No te lo crees ni #jartovino. Cuando aceptaste las condiciones resulta que firmaste un contrato legal por el que Instagram podía incluso vender tus fotos y no darte ni un duro. Es decir, que nada es tuyo. Es más, nada de lo que publiques en internet es tuyo por mucho que pongas @copyright o derechos de autor, hasta que lo registres y lo hagas legalmente en alguno de los organismos oficiales del tipo registro de la Propiedad Intelectual o Registro de Patentes y Marcas, etc… (Otra cosa es la moralidad, el honor y la educación).
Pero volviendo directamente a IG, el gran error que suele cometerse (cosa que también ocurre con otras RRSS) es que pretendemos tomarnos la sopa con un tenedor. A saber, utilizamos la herramienta incorrecta para una determinada función. (La automatización en esto ha hecho mucho daño. Es muy común ver publicado el mismo contenido en todas las redes sociales y al mismo tiempo, que es peor). Porque “la pescadería es mía y en ella vendo patatas porque me da la gana”. Poniendo un ejemplo más claro: escribo un libro y subo a IG la foto de la portada y en el texto pongo el primer capítulo para vender ejemplares (IG permite hasta 2.200 caracteres.) ¿Quién va a leer todo el texto? Pues #cuatrogatos. En cambio si escojo un fragmento, un pequeño texto que llame la atención (los expertos dicen que como después de la tercera línea el texto se corta, lo ideal sería ajustarlo a eso), los interesados se buscarán la vida para encontrar el libro. Yo soy de esos amantes a la antigua (como dice la canción) que genera necesidades en vez de tratar de conseguir ventas directas.
Y las ventas (y me refiero una vez más a un producto o a ti mismo) se consiguen con un buen producto, generando necesidades a gente que las tiene o todavía no sabe que las tiene. Y para llegar a esa gente, en IG hay que currárselo (y cada vez más en el resto de RRSS). Y hay que conocer IG, cómo funciona, para qué sirve, quién lo utiliza y qué tipos de usuarios existen. Los hay de muchos tipos, no voy a mencionarlos a todos para no aburrir (además que cada uno tendrá seguramente su propia clasificación).
Y como no hacemos eso, cometemos dos errores. El primero es intentar acaparar todo, cuanto más mejor. Los malditos números. Y en la desesperada algunos están cayendo en la tentación de comprar seguidores y me gusta. Si ya lo hicieron en TW, FB y demás, ¿por qué no IG? Pues porque IG no es TW y porque ya TW no es lo que era TW, y ahora mismo ni eso funciona (que haga la prueba alguien con 100.000 seguidores y haga un #FF o que lance un tuit vendiendo algo, a ver qué pasa). Y si no optamos por eso nos pasamos todo el día siguiendo y dejando de seguir al tun tun. Y le damos al “me gusta” de todas las fotos que vemos (¿sabíais que el 60% de los likes de la publi de IG es inconsciente porque vamos dándole like sin ton ni son a todo lo que vemos? No lo digo yo, lo dice un estudio serio de una empresa seria. Buscadlo por ahí.) Y lo hacemos con la intención de que nos devuelvan el “me gusta”. Y perdemos el tiempo en sumar en vez de segmentar, de localizar y geolocalizar (gente con nuestro perfil, mismos intereses, mismo idioma (very important)…). Malditos números, repito! Y luego llega la decepción cuando tenemos 40.000 seguidores y 200 likes y vemos otra cuenta que con 3000 seguidores consigue una media de 1.500 me gusta.
El otro error (repito una vez más, si queremos vender marca o nombre), es ignorar las modas. Si se llevan los #culoselfies, pues adaptemos eso a nosotros y nuestra empresa. En serio! Si los chavales de 15 años lo están petando, pues sigamos a esos chavales, a ver qué hacen y cómo lo hacen. Mantengamos nuestro estilo, nuestra marca, nuestra personalidad, nuestros valores, por supuesto, pero no ignoremos lo que ocurre a nuestro alrededor y pretendamos que el universo gire alrededor nuestro porque somos los más guays, los mejores y los que mejor #culoselfie tenemos si ni siquiera lo hemos subido todavía.
Me mola Instagram, me mola mazo. No soy experto. No vendo mi empresa ni mi imagen. (Aunque acepto ofertas millonarias de quien quiera que le haga un estudio y me ponga a ello con su marca). Simplemente me mola, me divierte. Me encanta ver imágenes hermosas o curiosas, leer y sorprenderme con textos, conocer lugares que anoto para visitar, hablar con desconocidos y en ocasiones chapurrear idiomas con ayuda del translator y los emoticonos. La gente, al menos a la que yo sigo, se curra las fotos, son originales, divertidas, profesionales o semi, abstractas, de esas “de casualidad”, improvisadas o de pose, espontáneas, incluso malísimas, pero dicen algo, provocan, sugieren. Los textos son en ocasiones bien elegidos, currados, y por experiencia sé que no es fácil porque a veces las musas están de parranda. Instagram mola, repito.
Os contaré que hace tiempo me negaba a darle “me gusta” a ciertas fotos. Comida, moda, animalitos, selfies o en las que aparecía gente, y manías así… Pero pronto descubrí que las fotos siempre dicen algo, que hay gente detrás de cada imagen, que todo puede llegar a tener un sentido y un por qué, y que si hay una justificación para que aparezca algo a lo que antes me negaba, ahora lo pensaba dos veces. ¿Quién soy yo para juzgar? Puedo opinar, pero juzgar, jamás.(Confieso que sigo sin daerle al megusta a las publicaciones bajadas de google y similares con frases chorras y demás).
Yo “leo” Instagram cada día como un libro nuevo. ¡Es gratis!!!! Pero no paso páginas con la intención de acabar los capítulos y ser el primero de la clase en hacer los deberes. Yo leo y releo, me recreo, aprendo, corrijo… Viajo a lugares sin pagar billete. Conozco a gente… Es impresionante cómo con el tiempo se llega a “conocer” en cierta medida a los “amigos” que publican a diario. Llegas a intuir si su día ha sido bueno o malo… A veces preguntas, otras callas y simplemente le acompañas con un guiño. Instagram está vivo! (sobre todo ahora con las historias). Claro que otras redes también (algunas lo estuvieron, ahora están a falta de dos errores en el juego del ahorcado). Eso sólo se descubre cuando uno no pasa páginas al azar, cuando leemos el libro, repito, y nos ponemos en la piel del autor/fotógrafo/escritor, cuando “escuchamos”.
Las historias en Instagram están despertando en parte todo eso. (hasta que degeneren). Los anunciantes se han puesto las pilas y aparecen cada cuatro o cinco, confundiéndose con las de tus seguidores. ¿Y cuáles funcionan? Pues las que son similares, parecidas y hasta copiadas de lo que publican los instagramers de a pie.
(Por cierto… Nuevo paréntesis. Las llamadas historias, tan de moda ahora mismo, creo que tienen que mejorar algo urgentemente: las respuestas. Ahora mismo lo único que se puede hacer al tratar de responder a una historia es enviar un mensaje privado a fin de cuentas.)
Leed Instagram, disfrutadlo, conocedlo, “hablad” con él… Si hay otras pretensiones (ya sabéis: followers, likes, klout…), mal asunto. No sólo por la decepción de no alcanzar el éxito esperado, sobre todo por no disfrutarlo, por perderte tantas cosas, por no aprovechar lo que tenemos ahí… Después ya podréis poner en práctica algún plan estratégico, de marca o de ventas, pero después. A mi me mola Instagram. Me mola mi Instagram! Y por ahí se empieza…
www.instagram.com/jdediegomk
Y, cuento todo esto (y ya termino), porque varios amigos (qué digo varios, cienes y cienes de miles) me han preguntado por qué tengo tantos likes (los likes son los megusta de toda la vida, lo del dedito hacia arriba, pero que queda más chic), además de muchos comentarios. Pues tengo mi técnica, lo reconozco, mis trucos, mi fórmula secreta. Pero CocaCola y yo no vendemos. Y, sobre todo, que no tengo ni pajolera idea de por qué. Podría dármelas de gurú o de influencer instagramero, pero no. NPI. Ni puta idea. Yo entro, leo, me divierto, comento, juego, conozco, disfruto… También cuelgo fotos, a veces con textos en los que se me va la pinza y otras también… Y luego llegan los resultados. Eso es todo. (Y, cuidao, que las cifras no son las de una megaestrella, pero es verdad que los porcentajes (eso que ahora se mira mucho más que los números globales) son buenos). Por eso se me ocurrió hablar de IG, porque me mola, me mola mi Instagram. Y te invito a él, hasta que se demuestre lo contrario.

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