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13 errores comunes al hablar en público

13 errores comunes al hablar en público

25 febrero, 2019 Docencia Libros Oratoria 0
hablar en público

 

Hablar en público es un arte. Para algunos el artista nace, no se hace. Para otros, con el aprendizaje, la técnica y el ensayo se puede llegar a conseguir hace arte. A unos les puede costar más, a otros menos. Unos pueden transmitir mejor, otros peor. Estoy de acuerdo en ambas afirmaciones. He visto de todo. Gente incapaz de articular palabra ante un grupo reducido de personas y que con el tiempo realiza espléndidas conferencias ante mil asistentes. Y también expertos en oratoria que han perdido la capacidad de transmitir y comunicar, su seguridad, y los ha llevado a incluso tener miedo a hablar en público.

docente oratoria

En cierta ocasión unos alumnos de un curso de oratoria a los que invité a una conferencia de Bobook me dijeron «es que tú tienes mucha seguridad cuando hablas y no tienes nervios». Para nada. Aunque es una de las claves, también diré que sin esos nervios todo esto no es nada divertido. Es como el actor que está a punto de salir al escenario. Pregúntale si tiene nervios. Casi todos te dirán que sí, pero que es una sensación maravillosa que te hace estar concentrado, repasar, afianzar el papel, incluso curiosamente darte seguridad.

Una de las primeras veces que hablé a través de un micrófono (ni siquiera frente al público) fue en Radio Jarama. Yo tenía 13 años. Valentín, el director de la emisora, un hombre alto y corpulento, se puso a mi lado y echó su cuerpo sobre la mesa de mezclas donde yo iba subiendo y bajando la música cada vez que acababa una frase. Fueron tres minutos interminables. Al principio hice varios silencios tratando de buscar qué decir. Pero en apenas un minuto, casi sin darme cuenta, me puse a hablar con el oyente, le conté cosas, le pregunté, y sabía que me escuchaba. Aquello empezó a ser natural. Dejé de pensar en hacer radio engolando la voz, diciendo frases trascendentales o haciendo gracia sin sentido y cosas así. Empecé a pensar en quién me escucha, quién es, qué quiere, cómo le gusta, dónde está. En las clases y libros de marketing solemos hablar de eso cuando pensamos en el cliente. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Para qué? Ahí está la clave, en dejar de pensar en nosotros mismos y empezar a hacerlo en el público, a la gente a la que hablamos. Olvidar el odioso «yo, mi, me, conmigo» que tanto abunda.

Los 13 errores

A continuación te voy a dar una serie de pautas, errores comunes a la hora de hablar en público. Tal vez no sean para principiantes, pero servirán a todos. Comprobarás que todos te llevan a un puñado de conclusiones, las mismas. No están todos los que son, por supuesto, pero seguro que te haces una idea de cómo combatirlos incluso cuando aparezcan otros que no están en esta lista.

  1. Creer que sabemos hablar en público.
  2. No ensayar y practicar.
  3. No saberte la lección.
  4. No tener un guión y un esquema.
  5. No ser empático.
  6. Olvidarse de escuchar.
  7. Abusar de lo que sabemos que hacemos bien.
  8. No tener un objetivo claro.
  9. No utilizar el mismo lenguaje que tu audiencia.
  10. Interpretar la partitura a nuestro antojo.
  11. No cuidar la vocalización y dicción y no cuidar la proyección de la voz.
  12. No cuidar el lenguaje no verbal.
  13. Comenzar y terminar el discurso sin energía.

 

1.- Creer que sabemos hablar en público.

No, definitivamente no sabemos. Porque hablar en público no es emitir sonidos vocales y que otros nos oigan. Hemos quedado en que hablar en público es un arte complejo que lleva implícito transmitir, comunicar, empatizar, generar emociones, dudas, afirmaciones, sentimientos. No sabemos hablar en público porque nuestro público es diferente, el tema a tratar es distinto, y otros muchos factores que hacen de cada charla algo único. El error está en pensar que como sabemos expresarnos, hemos estudiado la lección, tenemos buena vocalización, nuestra capacidad improvisativa es altísima y, por supuesto, disponemos de una gran confianza en nosotros mismos, pues sabemos hablar en público.

Pregúntate, ¿a qué público y de qué sabemos hablar? Si respondes «a todo el mundo y de todo» efectivamente sabes hablar en público, si no respondes eso, no sabes. La confianza está bien, el exceso te puede llevar a la prepotencia, a olvidar a quién y de qué estamos hablando, y por lo tanto a cometer graves errores.

2.- No ensayar y practicar.

Y esa seguridad nos lleva a no ensayar y practicar. ¿Para qué? Si yo ya tengo mucha seguridad, controlo el tema y lo he hecho decenas de veces. No es necesario ensayar. Error muy común por exceso de confianza. Siempre hay que practicar lo que vamos a decir, probar nuevas formas, mejorar. No menosprecies a la audiencia.

3.- No saberte la lección.

Como eres experto en el tema, pues no necesitas estudiar. Craso error. Siempre habrá alguien entre el público que sepa más que tú, siempre. Deberás estar al día, tener actualizados los datos, conocer teorías, etc. No dejes que te pillen en un renuncio por desconocimiento. Podemos cometer errores, son admisibles, pero hablar de algo que sabemos a medias, es inadmisible. Si aprendiste la lección hace seis meses, tendrás que volver a hacerlo, porque es casi seguro que tendrás que actualizar todo. Hablar en público lleva mucho aprendizaje.

4.- No tener un guión ni un esquema.

En teatro se utiliza la estructura de desarrollo, nudo y desenlace. En nuestro caso podemos, además, utilizar una breve introducción inicial, así como unas conclusiones finales.

Además, en las obras teatrales, se utiliza la norma de las tres unidades, que nos podría venir muy bien a la hora de estructurar y elaborar nuestro discurso. Debe tener una única temática, para que el espectador no se pierda y se centre en el argumento central. Debe desarrollarse en el mismo lugar, para no dispersar y para facilitar el seguimiento del argumento. Y por último, debe transcurrir en un periodo no mayor a un día.

Claro que esto último es complicado a la hora de elaborar un discurso. No valdría para todos los casos. Pero puede servirnos para organizarnos y para tomar conciencia de que, por muy claro que lo tengamos nosotros, por mucho que dominemos el tema, por muy estructurado que creamos que lo tenemos, el oyente puede perderse fácilmente, por lo que tenemos que tener en cuenta todos los factores que pueden intervenir en su concentración y atención.

No te centres en ti, piensa en quien te va a escuchar.

Estructura tu discurso. Reflexiona y deja por escrito lo que quieres transmitir. Busca objetivos. Haz un índice. Y cuando lo hayas hecho, quita los subíndices o apartados. Simplifica. Deja los mínimos temas posibles. Organiza la parte teórica de la práctica. Calcula la duración. Deja algo de tiempo para posibles preguntas.

5.- No ser empático.

¿Quiénes son? ¿Qué quieren? ¿Qué buscan? ¿Qué saben? ¿Cómo actúan? ¿Qué necesitan? Hay muchas más preguntas, señoría, pero te las tendrás que hacer tú mismo.

6.- Olvidarse de escuchar.

Una vez más, el «yo, mi, me, conmigo» nos hace olvidar que no estamos hablando para nosotros. Que hablamos a un público vivo, que escucha, atiende, duda, saca conclusiones instantáneas. No pretendas que cada vez que hables todo el mundo asienta y te tenga en un altar. Para evitar este error, mira a la audiencia, ya sean dos o dos mil, mira. Escucha, percibe su energía. Siente si se mueven, cómo respiran, qué te transmiten. Tu charla deberá amoldarse a ellos, y no ellos a ti. Hablar en público es hablar para un público, no para ti.

auditorio hablar en público

7.- Abusar de lo que sabemos hacemos bien.

Es bastante común (y en cierta parte, normal) que cuando hacemos nuestro DAFO y descubrimos nuestras fortalezas abusemos de ellas. Claro que pero aún es cuando sin siquiera hacer el DAFO uno sabe, por ejemplo, que tiene una sonrisa preciosa, se lo han dicho en cientos de ocasiones. Y como no, este risueño se tira toda la charla sonriendo y enseñando dientes.

Un error frecuente se da en aquellos que tienen confianza en su capacidad improvisativa. La tienen, efectivamente, pero abusan de ella. Ya hemos dicho que no se puede improvisar durante todo un discurso o una charla.

También estás los que tienen presencia, se sienten cómodos paseando por el escenario o bajando de él y dirigiéndose al público, interactuando con todos. La excesiva utilización de este fantástico recurso puede llevar a desviar la atención del tema central, sin olvidar que depende del número de asistentes unos se pueden sentir protagonistas y otros ignorados.

Cualquier recurso que dominemos, deberemos no hacer un uso excesivo de él. En muchos casos puede ser es “as bajo la manga” para los momentos en los que la charla decaiga, te pierdas en el guion o cualquier otro motivo en el que necesites volver a encarrilar la charla hacia ti y tu discurso.

8.- No tener un objetivo claro.

Error de principiante. ¿Qué quieres conseguir? Tu objetivo no es hablar de una cosa u otra durante minutos u horas, debes concretar más.

Depende de si eres un comerciante, un profesor, un humorista, un científico ante un descubrimiento, un entrenador personal. Depende. Entonces deberías marcarte un objetivo principal y unos objetivos secundarios.

Por ejemplo, en el caso del comerciante, su objetivo principal debe ser vender. Sus objetivos secundarios podrían ser afianzar la marca, presentar nuevos productos, dar a conocerse al cliente, etc.

En el caso del humorista, su objetivo principal será hacer reír. Los secundarios podrían ser hacer reflexionar sobre temas sociales, facilitar que el público olvide sus problemas, lanzar mensajes propagandísticos entre chiste y chiste.

El científico tendrá como objetivo principal presentar su nuevo descubrimiento. Como secundarios podría ser que deseara posicionarse entre sus colegas, o presentar el descubrimiento para vender a alguna empresa del sector.

Teniendo los objetivos claro, podrás elaborar un buen discurso, perfectamente estructurado, y dominar hablar en público.

9.- No utilizar el mismo lenguaje que tu audiencia.

Porque no es lo mismo hablar en el Consejo de Dirección de la Compañía que en un colegio. Porque no es lo mismo hablar a adultos que a adolescentes. Tampoco es lo mismo hablar en una reunión de diez o doce personas que en un auditorio de doscientas.

Porque no es lo mismo comunicar a tus colegas que a un público del que desconoces sus conocimientos de la materia sobre la que versa tu discurso. Cuidado con el lenguaje técnico.

Porque la audiencia transmite una energía, y debes amoldar tu forma de ejecutar el discurso habiéndote impregnado de dicha energía. Si no lo haces, desconectarán.

10.- Interpretar la partitura a nuestro antojo.

Básicamente se trata de ritmo. Los tiempos son el resultado del ritmo. Si eres lento, se alargará y probablemente aburrirás. Si eres rápido, será breve, y probablemente la gente no entenderá nada.

¿Cómo controlamos el ritmo? Pues escribiendo una partitura musical junto a la planificación del discurso.

En tu partitura debe haber un tempo o movimiento que capte la atención del espectador en todo momento. Y por supuesto cada partitura es diferente, incluso aunque se trate del mismo discurso.

Puedes iniciar con un vivace (tempo vivo) la introducción para captar la atención y entusiasmar al comienzo. Acto seguido pasas a un andante o andantino, hasta llegar a un moderato en mitad de la charla. En esas páginas musicales del centro de tu discurso puedes bailar el tempo y saltar de presto a allegro, adagio o larghetto. Hasta volver a un vivace para concluir tu alocución. Insisto en que en cada ocasión y para cada orador debe cambiar la partitura.

Y, siguiendo con la terminología musical, también podemos incorporar a nuestra partitura anotaciones que nos indiquen la interpretación.

Affectuoso (afectuosos), agitato (agitado), cantábile (cantando), con brio (con vivacidad), con fuoco (con fuego), con spirito (con espíritu), gracioso, maestoso (majestuoso), moderato (moderado), mosso (animado), risoluto (resuelto), scherzando (bromeando), sostenuto (sostenido), tempo giusto (movimientos precisos), vivace (vivo).

Con todo esto, ya tenemos nuestro baile a punto, y podremos hablar en público con buena musicalidad.

11.- No cuidar la vocalización y dicción y no cuidar la proyección de la voz.

Dominas el tema, te has preparado bien el discurso, lo has estructurado, has dibujado tu partitura musical para dominar el tempo. Perfecto. ¿Pero alguien te ha dicho que no se te entiende bien cuando hablas?

Probablemente lo hagas desde niño. Esos malos hábitos que arrastramos con nosotros por un buen número de factores, desde la región donde nos criamos, donde aunque se hable el mismo idioma cada una tiene un acento diferente, hasta el nivel sociocultural en que nos criamos.

Hay errores muy comunes, casi todos provenientes de que no articulamos ni vocalizamos a la hora de hablar. En este caso, algo que hace característico a cada ser humano, es una desventaja a la hora de hablar en público. Debemos ser el Antonio Banderas, malagueño con acento cerrado, que es capaz de olvidarlo cuando es necesario y volver a recogerlo al volver a su vida privada. Y conste que no hablo de acentos, sólo ha sido un ejemplo de lo que debemos hacer. Hablo de esos malos hábitos. En mis clases de oratoria no pretendo quitar la musicalidad a un alumno gallego ni la entidad a uno francés, simplemente hablo de facilitar la comprensión de la palabra, y para eso algunas veces hay que corregir estos factores.

A la mala dicción, en ocasiones, se añaden otros problemas de logopedia que pueden tener diferentes causas.

Dicho esto, vamos a aclarar los tres conceptos que estamos tratando y que intervienen a la hora de hablar. Vocalización, articulación y dicción. Y no, no son lo mismo, aunque se confunden frecuentemente.

La RAE, Real Academia Española, define estos tres términos:

Vocalizar. «1. intr. Articular con precisión las vocales, consonantes y sílabas de las palabras para hacer plenamente inteligible lo que se habla o se canta.»

Articular. «3. f. Pronunciación clara y distinta de las palabras.

  1. f. Fon. Posición y movimiento de los órganos fonatorios para producir los sonidos del habla.»

Dicción. «1. f. Manera de hablar o escribir, considerada como buena o mala únicamente por el empleo acertado o desacertado de las palabras y construcciones.»

Cuida cada uno de estos elementos. Pero ten en cuenta que en algunos casos, sobre todo en disfunciones extremas, deberás ponerte en manos de un especialista para corregirlo.

Al parecer 3 de cada 4 oradores no proyectan la voz. Hablan en voz baja. Y no es que se deba gritar, ni mucho menos, se trata de proyectar la voz.

Visualiza el lugar donde vayas a hablar en público. Imagina que está abarrotado de público. Enfoca tu mirada al último rincón, al espectador más alejado de ti, y lanza tus palabras hasta él. Esto se consigue con una serie de ejercicios de respiración que nos van a ayudar a proyectar y controlar nuestro tono de voz al antojo (además de ayudar en momentos de ansiedad.)

De momento toma conciencia de que es bastante probable que estés respirando mal. Casi el 100% de los adultos lo hacen. Los niños respiran correctamente, a través de la respiración diafragmática. Bueno, concretamente lo hacen los bebés, porque con el tiempo suelen perder esa capacidad, debido a los malos hábitos, posturas inadecuadas o el estilo de vida.

Y cuando dejan de hacerlo, comienzan a respirar rápido, acelerados, tomando poco aire en cada inhalación (porque utilizamos a la mitad nuestra capacidad pulmonar). De esta forma, provocamos una serie de síntomas tales como dolores de cabeza, agotamiento, pérdida de memoria, estrés y angustia.

Así que todo son beneficios a la hora de realizar la respiración diafragmática.

12.- No cuidar el lenguaje no verbal.

El gran olvidado para muchos, el lenguaje no verbal. Según algunos estudios sólo el 7% de la información que recibimos proviene de las palabras, el 38% a la voz y el 54% al lenguaje no verbal.

Seguro que en más de una ocasión has conocido a alguien y has tenido una opinión inmediata. ¡Qué seco! ¡Otro listillo! ¡Menudo prepotente! O ¡Parece buena gente! ¡Qué simpático! Esta es la prueba más clara de que el lenguaje no verbal ha sido el que ha influido en tu decisión y conclusiones.

En la comunicación intervienen 3 factores:

Kinesia. Paralingüística. Proxémica.

La kinesia son todos aquellos gestos que hacemos y no expresamos de forma verbal. Los movimientos corporales, la postura, los gestos, la expresión facial, la mirada, los silencios.

La paralingüística es la parte que se ocupa de todos los elementos que acompañan a la comunicación oral y escrita.

La proxémica es el espacio que utilizamos para comunicarnos y relacionarnos. En otras palabras, el estudio de la proximidad.

Incluye tanto las comunicaciones individuales como las que realizamos con los demás, en nuestro espacio y en un espacio común.javier de diego

¿Recuerdas el Hombre de Vitruvio Leonardo da Vinci? Aquí hay una base del concepto de la proxémica, la kinesfera. El espacio tridimensional que ocupa el cuerpo en una esfera y el espacio de su alrededor más próximo.

Cuando mezclamos estos tres elementos, cuando los dominamos, nuestra comunicación es más eficaz, y suele haber menos errores en el receptor.

13.- Comenzar y terminar el discurso sin energía.

Ya hemos ido comentando y conociendo poco a poco la estructura de un discurso. El principio y el final debe ser enérgico, sorprendente. Al comienzo para captar la atención, al final para dejar huella. Si no se hace, tu charla, tu venta, tu comunicación, será una más que haya escuchado tu interlocutor, y quedará en el olvido en poco tiempo. Por eso, la mejor forma, es planificar los dos o tres puntos fuertes al comienzo y al final.

Pongamos el caso de un científico que quiere informar a sus colegas de un nuevo descubrimiento. ¿Cuándo debería decir en qué consiste ése descubrimiento? Pues al principio, sin duda. Sin vueltas, sin demasiados preliminares (o casi ninguno). Captará la atención de sus colegas nada más comenzar. Después podrá deleitarse en sus años de trabajo y el esfuerzo que le ha costado, hablar de la técnica utilizada y demás. Y cuando llegue el final, deberá haber reservado una nueva sorpresa. Tal vez que ese primer descubrimiento lo ha llevado a la investigación de un posible segundo hallazgo.

El caso es que para impactar, que te recuerden, ayudar a resumir la charla y otros muchos factores, deberás utilizar este recurso, comenzar y terminar en todo lo alto.

Hasta aquí los consejos. Y son éso, consejos, nada más. Basados en mi experiencia, en otros compañeros y en muchos post leídos que hablan de todo esto. No es un manual, no lo sigas al pie de la letra. Coge lo que te sirva, ajústalo a ti, quita, incluye y haz tuya la técnica que te sirva para ser un buen orador. Espero que nos veamos en alguna clase o charla.

¿Tienes algún truco que utilices a la hora de hablar en público? Sería de gran ayuda que lo dejases en los comentarios para que otros compañeros los pongan en práctica.

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